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Cada cosa por su nombre

Detrás de cada nombre, se esconde un mundo de mensajes. Indagar sobre el asunto, puede resultar una aventura significativa para cada uno de nosotros al tiempo que nos ayudará a comprender algunas actitudes cuyo origen desconocíamos.

Esa tarde fue de fiesta. Mamá y papá dijeron su nombre y la beba, por primera vez, volvió la cabeza y sonrió como diciendo "soy yo".

Un día, el niño descubre su nombre. Esa palabra que irá adhiriéndose firmemente a su identidad. Es difícil precisar el momento exacto. También es difícil señalar cuándo una nueva criatura deja de ser para todos la beba, el nene, el chiquito... y todos la empiezan a llamar por su nombre. Pero... ¿qué hay detrás de un nombre?

El nombre de una persona es su credencial de identificación social. El origen del nombre está inspirado en la intención de poder distinguir a las personas por el mismo.

¿De quiénes elegimos el nombre de nuestros hijos?

- Mi hija mayor lleva mi nombre.

- Nuestro primogénito se llama como el abuelo paterno fallecido.

- Bautizamos a nuestros mellizos con nombres de príncipes.

Podrían añadirse muchas otras respuestas distintas. Es importante tener en cuenta también el sobrenombre, apodo o seudónimo que adquiera una persona. Interesa saber como lo llaman en su casa y fuera de la misma. La primera, se pone de manifiesto por ejemplo en colectividades como la judía, que determinan los nombres de sus hijos, reiterando nombres familiares fallecidos.

Según una costumbre española de antaño, los primogénitos llevaban el nombre de sus abuelos. También en nuestro ámbito cultural hubo una época en que se generalizó bastante el ponerle a los hijos mayores los nombres de sus progenitores respectivos.

En otras ocasiones, se usó elegir el nombre del santoral correspondiente a la fecha de nacimiento. Cuando en la elección del nombre actúa una influencia de tipo netamente familiar puede distinguirse entre: móviles conscientes e inconscientes entre estos últimos, consideramos los nombres que no han sido preseleccionados por determinantes predominantemente socioculturales, sino que ha pesado más el factor subjetivo de las personas que participan de la elección.

Entre los móviles conscientes figuran todos los porqués que podemos dar para explicar las elecciones "Porque estaba de moda, porque fue un personaje de una obra que nos impacto, o simplemente porque nos gustó." Los móviles inconscientes se esconden en el: "No sé el por qué". Yacen tras los móviles conscientes, e incluso, junto a nombres predeterminados por la tradición sociocultural.

Muchas veces han puesto a una persona un segundo nombre, además del heredado, que se ha elegido con mayor libertad y puede pasar a tener más vigencia. Detrás de un nombre, sobrenombre o apodo, puede haber mucho más de lo que a primera vista puede captarse. ¿Quiénes eligen el nombre? Quizás los padres, los abuelos, tíos y amistades, siempre y cuando el nombre no esté ya preelegido por tradición.

Es tan importante saber quiénes participan de la elección como la procedencia del nombre elegido. L finalidad es obtener la mayor información posible sobre los móviles conscientes que incidieron en su elección. Podemos preguntar a las personas que eligieron nuestro nombre, por el significado que tenía para ellas.

Suele haber un deseo o móvil inconsciente, que sólo aparece al analizar con cuidado las influencias que más han repercutido en nuestra forma de ser, asociadas hasta cierto punto con el nombre; vale decir, ése nos da una pista para descubrir y entender mejor aspectos condicionados de nuestra conducta, que se reiteran automáticamente a través del tiempo.Aspectos que distorsionan nuestra forma auténtica de ser. Porque con el nombre se nos da, directa e indirectamente un modelo para identificarnos.

Algunos ejemplos: personas que han recibido el nombre de Salvador, han adoptado a través de su vida una preferencia marcada por el rol de "salvador" para con los demás y en análisis terapéutico han descubierto que no era mera coincidencia: sus conductas estaban "programadas" en función del modelo que el nombre sugería. A veces se han comprobado asociaciones no fortuitas entre el significado del nombre y la carrera o actividad sugerida. Otras personas que han recibido el nombre de algún progenitor, han vivido buena parte de su vida imitándolo o luchando por ser lo opuesto, bien porque hayan recibido elogios o críticas por tal parecido.

Los nombres tienen su eco. No debemos desestimar la importancia de los lazos afectivos que tenemos con nuestro nombre y con los elegidos para nuestros hijos. ¿Cómo me gusta que me llamen o cómo me disgusta? ¿Por qué? Si no tenemos clara la razón. ¿con qué asociamos el nombre que me agrada y con qué el que me desagrada?. A veces nos puede atraer tener apodos que sin embargo son perjudiciales a nuestro crecimiento personal.

Algunos como: Nena, Chiquita, Beba o diminutivos del nombre (Pepito, Anita, etc.) son apodos para personas dependientes o inmaduras, a las cuales, generalmente, se les ha impedido desarrollar su autonomía. Recapitulando: vale la pena indagar lo que nos resulte accesible en torno a nuestro nombre y los que elegimos para nuestros hijos. Las preguntas básicas giran alrededor de los móviles conscientes y el significado del nombre para quien lo puso; sobre la procedencia del mismo y su trayectoria histórica; sobre el sentido y aceptación que tiene para quien lo lleva. Las respuestas nos remitirán a posibles móviles inconscientes que, a partir de ese momento, podremos asociar con lo descubierto.

Configurarán un perfil de un modelo rector en nuestra vida, que quedó desdibujado en nuestra mente, pero que sin duda ha incidido sobre nosotros.

cortesia de : http://www.aciprensa.com/Familia/elnombre.htm

elaborado por : Diego Pasapera

La clave del éxito en el matrimonio

Hablar de castidad en pleno siglo XXI puede parecer chocante y anacrónico. Tal vez porque, erróneamente, ese término suele aludir a un conjunto de negaciones del todo ajenas al amor, hasta acabar por identificarse con la pura y simple abstención del trato corporal.

Refiriéndola a los casados, y con palabras que recuerdan las antes citadas, la castidad conyugal sería la virtud que hace posible y facilita que a los quince, veinte, veinticinco o muchos más años de matrimonio, cada esposo se encuentre tan enamorado del otro y éste le resulte tan atractivo, en todos los sentidos del término, como aquel día ya lejano en que los dos quedaron recíprocamente prendados; o mejor, porque es más cierto, mucho más amable y arrebatador que entonces, por cuanto el cariño prolongado le ha conducido a descubrir y ahondar en su riqueza personal y en su hermosura más real y certera.

La castidad, por consiguiente, es algo grande, excelso, positivo, que no se limita o resuelve en un conjunto de prohibiciones y que va mucho más allá de los dominios de la mera genitalidad. Su objeto propio, como el de toda virtud, es el amor: En este caso, el amor de dos personas sexuadas -varón y mujer- y justo en cuanto tales. Y su fin, hacer que se despliegue y fructifique ese cariño en todas y cada una de sus dimensiones, no sólo en las directamente relacionadas con el trato corporal ni genital.

Acrecentar el cariño

Se entiende entonces que el principal y más definitivo acto de esta virtud consista en fomentar positivamente, con las mil y una finuras que el ingenio enamorado descubre, el amor hacia el otro cónyuge.

Por eso, para vivirla en toda su grandeza, es oportuno que cada miembro del matrimonio dedique expresamente todos los días unos minutos a decidir aquel o aquellos detalles de cariño y delicadeza con los que dará una alegría al otro y elevará la calidad y la temperatura del amor mutuo; como también que ponga todos los medios a su alcance para que esas manifestaciones de afecto decidido lleguen a cumplirse, teniendo en cuenta que si no se empeña en darles vida es muy posible que el trabajo y las demás ocupaciones las dejen en simple "buena intención".

De manera similar, un marido enamorado tiene que estar dispuesto a repetir muchas veces al día a su esposa, junto con otras manifestaciones de afecto, que la quiere. ¡Claro que ella ya lo sabe! Pero necesita de forma casi perentoria que semejante confirmación gozosa le entre por los oídos muy a menudo: es una delicadeza aparentemente mínima, pero que la reconforta y le da vigor para seguir en la brega, a veces ingrata, de sacar adelante con bríos renovados el hogar y la familia. Y el varón, por su parte, además de agradecer también en muchos casos la declaración paralela de su esposa, necesita pronunciar esas palabras para reforzar, mediante la afirmación expresa y materializada, los quilates de su amor y de su fidelidad.

Además, y por poner otro ejemplo, marido y mujer han de esforzarse asimismo con frecuencia por sorprender a su pareja con algo que ésta no esperaba y que revela su aprecio e interés por ella. No sólo en los días señalados, en los que esas manifestaciones "ya se suponen", sino justo en aquellos otros en los que no existiría ningún motivo para tener una atención especial... ¡excepto el cariño enamorado de los cónyuges, siempre vivo y siempre creciente! Teniendo en cuenta, por otro lado, que lo importante es ese fijar la mirada en el otro, dedicarle tiempo y atención, y no necesariamente el valor material de lo que se ofrenda.

En la misma línea, para vivir la plenitud del amor que aquí estamos considerando, resulta imprescindible que los cónyuges sepan encontrar ratos para estar, conversar y descansar a solas, en las mejores condiciones posibles, venciendo la pereza inercial que a veces pudiera acosarles. Sin hacer de esto un absoluto, sino a modo de simple sugerencia, una tarde o una noche a la semana dedicada en exclusiva al matrimonio, además de facilitar enormemente la comunicación, constituye uno de los mejores medios para que la vida de familia -y, por tanto, el cariño hacia los hijos- progrese y se consolide, hasta dar frutos sazonados de calidad personal. Por eso, la solicitud y el mimo a la propia pareja debe anteponerse a las obligaciones laborales y sociales y, si valiera la contraposición un tanto paradójica, incluso al cuidado "directo" de los niños... que quedará potenciado por el amor mutuo de sus padres.

Fomentar la atracción

A la vista de cuanto estamos viendo, resulta fácil comprender que es un acto de virtud -de la virtud de la castidad, en concreto- hacer cuanto esté en nuestras manos para aumentar la atracción, también la estrictamente sexual, a y de nuestro cónyuge.

Particularmente, parece manifestación de buen sentido aprovechar el gozo entrañable que está unido al abrazo amoroso personal e íntimo para resolver pequeñas discrepancias o desavenencias surgidas durante el día, para poner fin a una situación de tirantez, o para relajarse en momentos en que la vida profesional o familiar de uno u otra generan especiales tensiones. Como consecuencia, entre otras cosas, ambos tendrán que prestar atención a su aspecto físico.

Como también resulta imprescindible, y estamos ahora ante una cuestión más de fondo y de conjunto, que ambos esposos sepan presentarse y contemplarse, a lo largo de toda su vida, por lo menos con el mismo primor y embeleso con que lo hacían en los mejores momentos de su etapa de novios. Obrar de otra manera, dejar que el amor se enfríe o se momifique, equivale a poner al cónyuge en el disparadero, propiciando que busque fuera del hogar el cariño y las atenciones que todo ser humano necesita la cualquier edad!... y que nunca deben darse por supuestos.

Situada en este horizonte vital, la mujer debe estar persuadida de que la fecundidad embellece y de que su marido posee la suficiente calidad humana para apreciar la nueva y gloriosa hermosura derivada de la condición de madre.

Ciertamente, la maternidad reiterada suele "romper las proporciones materiales" que determinados y superficiales cánones de belleza femenina pugnan por imponernos. Pero el menos perspicaz de los maridos, si se encuentra de veras enamorado, advierte el esplendor que esa "desproporción" lleva consigo; reconoce que su mujer es más hermosa -e incluso sexualmente más atractiva- que quienes se pavonean con un remedo de belleza reducido a "centímetros" y "contornos".

A poca sensibilidad que posea, un varón descubre embelesado en el cuerpo de su mujer, acaso menos vistoso: I) el paso de su propio amor de marido y padre; II) la huella de los hijos que ese cariño ha engendrado ¡Cómo no habría de sentirse cautivado por semejantes enriquecimientos!

Después de bastantes años de casado y de trato con otros matrimonios, en ocasiones experimento la necesidad de pedir a las esposas que se "conformen" con gustar a sus maridos... y gocen plenamente con ello. Que, sobre todo con el correr del tiempo, no pretendan "gustarse a sí mismas" son sus críticas más feroces- ni admitan comparaciones con sus amigas o con otras personas de su mismo sexo... y mucho menos con las más jóvenes. Que crean a pies juntillas a sus esposos cuando éstos le digan que están muy guapas, sin oponer siquiera en su interior la más mínima reserva... Toda mujer entregada -esposa y madre- debe tener la convicción inamovible de que incrementa su hermosura radicalmente humana en la exacta medida en que va haciendo más actual y operativa la donación a su esposo y a sus hijos.

Tú y solo tú

La otra cara de la virtud de la castidad, aparentemente negativa, pero derivada de la misma necesidad de hacer crecer el cariño mutuo, podría concretarse en la obligación gustosa de evitar todo lo que pudiera enfriar ese amor o ponerlo entre paréntesis, aunque fuera por unos minutos. Por tanto, el sentido de esa renuncia es eminentemente positivo: de lo que se trata, también ahora, es de que el amor conyugal madure y alcance su plenitud. No debería olvidarse este extremo si se quiere comprender a fondo el verdadero significado de la virtud de la castidad, su valencia de tremenda afirmación.

Si nos atenemos a quienes se hallan unidos en matrimonio, que son los que aquí estamos contemplando, esa afirmación, tomada en serio, se constituye en criterio claro y delicadísimo de amor al cónyuge. Para el hombre casado no puede existir otra mujer, en cuanto mujer, más que la suya. Obviamente, ese varón (y lo mismo, simétricamente, se podría afirmar de su esposa) se relacionará con personas del sexo complementario: compañeras de trabajo, secretarias, alumnas, coincidencias en viajes... Y la educación y el respeto le llevará comportarse con ellas con delicadeza y deferencia. Pero a ninguna la tratará en cuanto mujer -poniendo en juego su condición de varón, que ya no le pertenece-, sino exquisitamente en cuanto persona.

Y esto, que de entrada podría presentarse como en exceso teórico e incluso artificial y alambicado, tiene una traducción muy clara y operativa: todo lo que yo hago con mi mujer justamente por ser mi mujer debo evitarlo al precio que fuere con cualquier otra: lo que comparto con ella por ser mi esposa no puedo compartirlo con nadie más.

Aunque estemos ante personas aparentemente maduras, en este punto es muy fácil ser ingenuos. Pues, en principio, y después de unos cuantos años de tratar a diario con nuestra pareja en los momentos de alza y en los de bancarrota, cualquier otra mujer o cualquier otro varón se encuentran en mejores condiciones que los propios para presentar ante nosotros "intermitentemente" -en los aislados espacios de trato mutuo- su cara más amable. No nos los encontramos sin arreglar, recién levantados o levantadas, cuando podría incluso decirse que "simplemente no son ellos/as"; ni suelen estar cansados o cansadas, ni tienen que resolver con nosotros los problemas planteados por los hijos o los quebraderos de cabeza de una economía no muy boyante...

Arreglado o arreglada, dispuesto casi por instinto y con la más limpia de las intenciones a gustar y caer bien, pueden dar de sí lo mejor que poseen, sin que exista el contrapeso de los momentos duros y de flaqueza que por fuerza se comparten en el interior del matrimonio. Además, él o ella suelen ser más jóvenes y más comprensivos (entre otras cosas, porque no nos conocen a fondo), y se encuentran pasajeramente adornados con muchas prendas que, de manera un tanto artificial, engalanan su figura y su personalidad ante nuestra mirada -en esos momentos no del todo perspicaz-... y que el trato continuado y duradero sin duda devolvería a sus auténticas dimensiones.

Para redondear esta idea, y para ir terminando lo que de otro modo resultaría inacabable, añadiré que es bastante difícil que una mujer distinta de la propia deje de comprender los problemas que sufrimos en nuestro hogar y en nuestro matrimonio y de experimentar, al conocerlos, una sincera compasión por nosotros. Como también es improbable -aunque por motivos muy distintos- que un varón deje de entender los de una mujer casada si cede a que se los explique. En los dos casos es menester una categoría hoy por desgracia no muy frecuente para quedar mal y rechazar de manera educada pero decidida ese tipo de confidencias.

Y todo ello resulta, sin embargo, necesario para no enredar con la dicha propia y ajena y poner a nuestros "hijos" en un brete, vendiendo la grandeza profunda de una vida de familia vivida en plenitud por el superficial embeleso de unos momentos de satisfacción egocéntrica. El amor que empapa nuestro hogar nos llevará a eludir esas gratificaciones aparentes, con objeto de robustecer los cimientos de nuestra felicidad en el matrimonio.

Elaborado por : Diego Pasapera

Cortesia de : http://www.aciprensa.com/Familia/exitomatri.htm

 

La clave del éxito en el matrimonio

Hablar de castidad en pleno siglo XXI puede parecer chocante y anacrónico. Tal vez porque, erróneamente, ese término suele aludir a un conjunto de negaciones del todo ajenas al amor, hasta acabar por identificarse con la pura y simple abstención del trato corporal.

Refiriéndola a los casados, y con palabras que recuerdan las antes citadas, la castidad conyugal sería la virtud que hace posible y facilita que a los quince, veinte, veinticinco o muchos más años de matrimonio, cada esposo se encuentre tan enamorado del otro y éste le resulte tan atractivo, en todos los sentidos del término, como aquel día ya lejano en que los dos quedaron recíprocamente prendados; o mejor, porque es más cierto, mucho más amable y arrebatador que entonces, por cuanto el cariño prolongado le ha conducido a descubrir y ahondar en su riqueza personal y en su hermosura más real y certera.

La castidad, por consiguiente, es algo grande, excelso, positivo, que no se limita o resuelve en un conjunto de prohibiciones y que va mucho más allá de los dominios de la mera genitalidad. Su objeto propio, como el de toda virtud, es el amor: En este caso, el amor de dos personas sexuadas -varón y mujer- y justo en cuanto tales. Y su fin, hacer que se despliegue y fructifique ese cariño en todas y cada una de sus dimensiones, no sólo en las directamente relacionadas con el trato corporal ni genital.

Acrecentar el cariño

Se entiende entonces que el principal y más definitivo acto de esta virtud consista en fomentar positivamente, con las mil y una finuras que el ingenio enamorado descubre, el amor hacia el otro cónyuge.

Por eso, para vivirla en toda su grandeza, es oportuno que cada miembro del matrimonio dedique expresamente todos los días unos minutos a decidir aquel o aquellos detalles de cariño y delicadeza con los que dará una alegría al otro y elevará la calidad y la temperatura del amor mutuo; como también que ponga todos los medios a su alcance para que esas manifestaciones de afecto decidido lleguen a cumplirse, teniendo en cuenta que si no se empeña en darles vida es muy posible que el trabajo y las demás ocupaciones las dejen en simple "buena intención".

De manera similar, un marido enamorado tiene que estar dispuesto a repetir muchas veces al día a su esposa, junto con otras manifestaciones de afecto, que la quiere. ¡Claro que ella ya lo sabe! Pero necesita de forma casi perentoria que semejante confirmación gozosa le entre por los oídos muy a menudo: es una delicadeza aparentemente mínima, pero que la reconforta y le da vigor para seguir en la brega, a veces ingrata, de sacar adelante con bríos renovados el hogar y la familia. Y el varón, por su parte, además de agradecer también en muchos casos la declaración paralela de su esposa, necesita pronunciar esas palabras para reforzar, mediante la afirmación expresa y materializada, los quilates de su amor y de su fidelidad.

Además, y por poner otro ejemplo, marido y mujer han de esforzarse asimismo con frecuencia por sorprender a su pareja con algo que ésta no esperaba y que revela su aprecio e interés por ella. No sólo en los días señalados, en los que esas manifestaciones "ya se suponen", sino justo en aquellos otros en los que no existiría ningún motivo para tener una atención especial... ¡excepto el cariño enamorado de los cónyuges, siempre vivo y siempre creciente! Teniendo en cuenta, por otro lado, que lo importante es ese fijar la mirada en el otro, dedicarle tiempo y atención, y no necesariamente el valor material de lo que se ofrenda.

En la misma línea, para vivir la plenitud del amor que aquí estamos considerando, resulta imprescindible que los cónyuges sepan encontrar ratos para estar, conversar y descansar a solas, en las mejores condiciones posibles, venciendo la pereza inercial que a veces pudiera acosarles. Sin hacer de esto un absoluto, sino a modo de simple sugerencia, una tarde o una noche a la semana dedicada en exclusiva al matrimonio, además de facilitar enormemente la comunicación, constituye uno de los mejores medios para que la vida de familia -y, por tanto, el cariño hacia los hijos- progrese y se consolide, hasta dar frutos sazonados de calidad personal. Por eso, la solicitud y el mimo a la propia pareja debe anteponerse a las obligaciones laborales y sociales y, si valiera la contraposición un tanto paradójica, incluso al cuidado "directo" de los niños... que quedará potenciado por el amor mutuo de sus padres.

Fomentar la atracción

A la vista de cuanto estamos viendo, resulta fácil comprender que es un acto de virtud -de la virtud de la castidad, en concreto- hacer cuanto esté en nuestras manos para aumentar la atracción, también la estrictamente sexual, a y de nuestro cónyuge.

Particularmente, parece manifestación de buen sentido aprovechar el gozo entrañable que está unido al abrazo amoroso personal e íntimo para resolver pequeñas discrepancias o desavenencias surgidas durante el día, para poner fin a una situación de tirantez, o para relajarse en momentos en que la vida profesional o familiar de uno u otra generan especiales tensiones. Como consecuencia, entre otras cosas, ambos tendrán que prestar atención a su aspecto físico.

Como también resulta imprescindible, y estamos ahora ante una cuestión más de fondo y de conjunto, que ambos esposos sepan presentarse y contemplarse, a lo largo de toda su vida, por lo menos con el mismo primor y embeleso con que lo hacían en los mejores momentos de su etapa de novios. Obrar de otra manera, dejar que el amor se enfríe o se momifique, equivale a poner al cónyuge en el disparadero, propiciando que busque fuera del hogar el cariño y las atenciones que todo ser humano necesita la cualquier edad!... y que nunca deben darse por supuestos.

Situada en este horizonte vital, la mujer debe estar persuadida de que la fecundidad embellece y de que su marido posee la suficiente calidad humana para apreciar la nueva y gloriosa hermosura derivada de la condición de madre.

Ciertamente, la maternidad reiterada suele "romper las proporciones materiales" que determinados y superficiales cánones de belleza femenina pugnan por imponernos. Pero el menos perspicaz de los maridos, si se encuentra de veras enamorado, advierte el esplendor que esa "desproporción" lleva consigo; reconoce que su mujer es más hermosa -e incluso sexualmente más atractiva- que quienes se pavonean con un remedo de belleza reducido a "centímetros" y "contornos".

A poca sensibilidad que posea, un varón descubre embelesado en el cuerpo de su mujer, acaso menos vistoso: I) el paso de su propio amor de marido y padre; II) la huella de los hijos que ese cariño ha engendrado ¡Cómo no habría de sentirse cautivado por semejantes enriquecimientos!

Después de bastantes años de casado y de trato con otros matrimonios, en ocasiones experimento la necesidad de pedir a las esposas que se "conformen" con gustar a sus maridos... y gocen plenamente con ello. Que, sobre todo con el correr del tiempo, no pretendan "gustarse a sí mismas" son sus críticas más feroces- ni admitan comparaciones con sus amigas o con otras personas de su mismo sexo... y mucho menos con las más jóvenes. Que crean a pies juntillas a sus esposos cuando éstos le digan que están muy guapas, sin oponer siquiera en su interior la más mínima reserva... Toda mujer entregada -esposa y madre- debe tener la convicción inamovible de que incrementa su hermosura radicalmente humana en la exacta medida en que va haciendo más actual y operativa la donación a su esposo y a sus hijos.

Tú y solo tú

La otra cara de la virtud de la castidad, aparentemente negativa, pero derivada de la misma necesidad de hacer crecer el cariño mutuo, podría concretarse en la obligación gustosa de evitar todo lo que pudiera enfriar ese amor o ponerlo entre paréntesis, aunque fuera por unos minutos. Por tanto, el sentido de esa renuncia es eminentemente positivo: de lo que se trata, también ahora, es de que el amor conyugal madure y alcance su plenitud. No debería olvidarse este extremo si se quiere comprender a fondo el verdadero significado de la virtud de la castidad, su valencia de tremenda afirmación.

Si nos atenemos a quienes se hallan unidos en matrimonio, que son los que aquí estamos contemplando, esa afirmación, tomada en serio, se constituye en criterio claro y delicadísimo de amor al cónyuge. Para el hombre casado no puede existir otra mujer, en cuanto mujer, más que la suya. Obviamente, ese varón (y lo mismo, simétricamente, se podría afirmar de su esposa) se relacionará con personas del sexo complementario: compañeras de trabajo, secretarias, alumnas, coincidencias en viajes... Y la educación y el respeto le llevará comportarse con ellas con delicadeza y deferencia. Pero a ninguna la tratará en cuanto mujer -poniendo en juego su condición de varón, que ya no le pertenece-, sino exquisitamente en cuanto persona.

Y esto, que de entrada podría presentarse como en exceso teórico e incluso artificial y alambicado, tiene una traducción muy clara y operativa: todo lo que yo hago con mi mujer justamente por ser mi mujer debo evitarlo al precio que fuere con cualquier otra: lo que comparto con ella por ser mi esposa no puedo compartirlo con nadie más.

Aunque estemos ante personas aparentemente maduras, en este punto es muy fácil ser ingenuos. Pues, en principio, y después de unos cuantos años de tratar a diario con nuestra pareja en los momentos de alza y en los de bancarrota, cualquier otra mujer o cualquier otro varón se encuentran en mejores condiciones que los propios para presentar ante nosotros "intermitentemente" -en los aislados espacios de trato mutuo- su cara más amable. No nos los encontramos sin arreglar, recién levantados o levantadas, cuando podría incluso decirse que "simplemente no son ellos/as"; ni suelen estar cansados o cansadas, ni tienen que resolver con nosotros los problemas planteados por los hijos o los quebraderos de cabeza de una economía no muy boyante...

Arreglado o arreglada, dispuesto casi por instinto y con la más limpia de las intenciones a gustar y caer bien, pueden dar de sí lo mejor que poseen, sin que exista el contrapeso de los momentos duros y de flaqueza que por fuerza se comparten en el interior del matrimonio. Además, él o ella suelen ser más jóvenes y más comprensivos (entre otras cosas, porque no nos conocen a fondo), y se encuentran pasajeramente adornados con muchas prendas que, de manera un tanto artificial, engalanan su figura y su personalidad ante nuestra mirada -en esos momentos no del todo perspicaz-... y que el trato continuado y duradero sin duda devolvería a sus auténticas dimensiones.

Para redondear esta idea, y para ir terminando lo que de otro modo resultaría inacabable, añadiré que es bastante difícil que una mujer distinta de la propia deje de comprender los problemas que sufrimos en nuestro hogar y en nuestro matrimonio y de experimentar, al conocerlos, una sincera compasión por nosotros. Como también es improbable -aunque por motivos muy distintos- que un varón deje de entender los de una mujer casada si cede a que se los explique. En los dos casos es menester una categoría hoy por desgracia no muy frecuente para quedar mal y rechazar de manera educada pero decidida ese tipo de confidencias.

Y todo ello resulta, sin embargo, necesario para no enredar con la dicha propia y ajena y poner a nuestros "hijos" en un brete, vendiendo la grandeza profunda de una vida de familia vivida en plenitud por el superficial embeleso de unos momentos de satisfacción egocéntrica. El amor que empapa nuestro hogar nos llevará a eludir esas gratificaciones aparentes, con objeto de robustecer los cimientos de nuestra felicidad en el matrimonio.

Elaborado por : Diego Pasapera

Cortesia de : http://www.aciprensa.com/Familia/exitomatri.htm

 

EL COMENTARIO DE LA OBRA

COMENTARIO

Bueno la obra vista el dia viernes 9 de septienbre del 2008 trata del maltrato que esta ocurriendo en Colombia ,los chicos nos dicen que a los soldados le dicen monstruos por lo que matan a las personas y que se las comen porque dicen que las entierran en un lugar descampado y si alguien los va a ver dicenque los matan.

En la obra se presento de que la chica comio tierra y dijo que era contumbre.

 
Menores que han sido heridos por minas antipersona en Colombia. Las FARC son consideradas las mayores sembradoras de minas antipersona en el mundo[86]

Menores que han sido heridos por minas antipersona en Colombia. Las FARC son consideradas las mayores sembradoras de minas antipersona en el mundo

 

los tres ultimos hechos por ramos miranda con ayuda de sus padres

 

EL MALTRATO EN LAS FAMILIAS

El maltrato y abuso infantil es el atropello físico de un pequeño por parte de un mayor. También es llamado maltrato y abuso de menores, abuso de infante y abuso y negligencia infantil.

Hay muchas formas de abuso y negligencia y en muchos países sus respectivos gobiernos han desarrollado legalmente su propia definición, de lo que se considera maltrato infantil. La proliferación de este fenómeno se ha constituido en un problema mundial señalado por la OMS  y la UNICEF.

EFECTOS DEL MALTRATO INFANTIL

El Centro Nacional de Adopción en los Estados Unidos encontró que un 52% de los niños adoptables tenían síntomas de desorden de apego. Un estudio de Dante Cicchetti halló que un 80% de niños maltratados y abusados exhibían la misma sintomatología. Los niños con historias de maltrato ya sea negligencia física o psicológica, abuso físico y psicológico y abuso sexual están en riesgo de desarrollar problemas psiquiátricos severos.

LOS TIPOS DE FAMILIA

          HAY TIPOS DE FAMILIA :

  • familia nuclear, padres e hijos (si los hay); también se conoce como «círculo familiar»;
  • familia extensa, además de la familia nuclear, incluye a los tios primos y otros parientes, sean consanguíneos o afines;
  • familia compuesta, es sólo padre o madre y los hijos, principalmente si son adoptados o si tienen un vínculo consanguíneo con alguno de los dos padres;
  • familia monoparental, en la que el hijo o hijos vive(n) sólo con uno de los padres;
  • otros tipos de familias: aquellas conformadas únicamente por hermanos, por amigos (donde el sentido de la palabra "familia" no tiene que ver con un parentesco de consanguinidad, sino sobre todo con sentimientos como la convivencia, la solidaridad y otros), etcétera, quienes viven juntos en la mismo espacio por un tiempo considerable.

 

comentario del teatro en vivo

El teatro fue muy sencillo de entender , trata de recalcar las matanzas en Colombia , ya que sus productores son de alli . Comienza cuando una chica estaba buscando a su padre , los guardias lo habian matado y se habian comido su carne . Ella lloraba al saber el hecho . Esta escena es la que me impacto mas porque recalca lo que hacen en Colombia a  los niños . Terminan diciendo : 50050043 muertos en Colombia . ¿Que pena , no? 

 Hecho por Luis PaucarTemoche .

las familias : el maltrato fisico y moral

La violencia existe, esto es una verdad innegable, el ser humano tiene detnro de sí el impulso que lo lleva a desear el poder y el control de su medio ambiente social y natural. Cuando ambas tendencias se conjugan el hombre y la mujer actuan imponiendo la ley del mas fuerte. Esto nos ha llevado al exterminio de animales, plantas, medio ambientes y civilizaciones humanas completas.Sin embargo cuando es capaz de sublimar estos impulsos, los logros son espectaculares, la violencia se torna en un impulso creador capaz de inventarlo todo, y el deseo de poder y cotrol en una capacidad de inventiva que nos llevara a las estrellas.Cuando no hay un buen dialogo , la familia no concuerda en sus acciones y actitudes lo cual permite que hagan su vida , cada uno , de diferente manera y a la vez comienza el maltrato fisico y moral , cuando nos refirimos a fisico es por fuera , como podrian ser golpes , patadas , puñetes , etc. y cuando hablamos de moral , viene a tocar a el autoestima , como podria ser violaciones sexuales , dialogos que bajen el autoestima , etc. .

  • El maltrato moral : El maltrato morall es mas sutil, pero no menos doloroso, su caracteristica principal es provocar malestar (dolor) emocional, existen dos modalidades fundamentales, la activa, que humilla y degrada al niño produciendole sentimientos de desesperanza, inseguridad, y pobre autoestima, esta se manifiesta por insultos o apodos desagradables, nuevamente en la mayoría de los casos la finalidad manifiesta es "motivar" al niño a que modifique una conducta indeseable. La segunda modalidad es la pasiva, es el desamor, la indiferencia el desinteres por el niño, esta, aún que poco reconocida como maltrato, puede, en los priemros dias de vida provocar hasta la muerte por una patología llamada depresión anaclítica.
  • El maltrato fisico : "Cualquier acción no accidental por parte de los padres/tutores que provoque daño físico o enfermedad en el niño o le coloque en grave riesgo de padecerlo". Indicadores físicos en el niño:

Magulladuras o moratones enrostro, labios o boca, en zonasextensas del torso, la espalda,nalgas o muslos; en diferentes fases de cicatrización o con formas no normales, agrupados o con formas o marcas del objeto con el que ha sido producida la agresión.

Quemaduras con formas definidas de objetos concretos o de cigarrillos o puros, o con indicadores de haber sido realizadas por inmersión en agua caliente.

 

Como ven las dos son muy dificiles para que las afronte un niño .         Hecho por Luis Paucar Temoche .