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La familia : centro de apertura



En un estudio sobre la familia, realizado en Francia y publicado en 1975 por el Comisariado del Plan de Desarrollo, se dice: "La familia, fuertemente sacudida por el choque del futuro, se nos muestra, dentro de este mundo incierto y cambiante, como el último refugio de la verdadera convivencia."
Por lo tanto, habría que decir que la familia no es un refugio, sino un lugar desde el que se puede, mediante la acción educativa, mejorar este mundo incierto y cambiante, porque a la familia le corresponde el privilegio de seguir siendo el ámbito natural del amor y, por tanto, el lugar original de la educación. La familia no es un refugio: es una escuela de irradiación de virtudes sociales.
También se ha calificado a la familia como "un islote privilegiado dentro de una sociedad personalizada". Es evidente que el privilegio del islote familiar tiene que servir para transformar esa sociedad despersonalizada en una sociedad educativa, en una sociedad humanizada.
Es una aspiración (un "objetivo tendencia") construir una sociedad totalmente personalizada. Debemos intentarlo con perseverancia revitalizando la célula básica de la sociedad -la célula familiar- para que ésta supere los condicionamientos actuales y haga posible la aceptación incondicional de las personas en las relaciones sociales y profesionales, de modo que se puedan armonizar en cualquier situación de colaboración o de convivencia social la exigencia y la comprensión, la confianza y el respeto, la eficacia y la amistad.
La meta es ambiciosa, para realizarse a largo plazo y en el inmenso ámbito de la sociedad. Pero, si consideramos el valor de cada persona, y sus posibilidades, las metas respecto a su apertura educativa y educadora tienen que ser aún más ambiciosas.
Sin intimidad no hay posibilidad de apertura, pero sin esta última el individuo no se forma, el ser humano no crece. "La realidad fundamental de la educación es ese diálogo privilegiado en el curso del cual se afrontan y confrontan dos hombres de desigual madurez, en el que cada uno, a su manera, delante del otro, da testimonio de las posibilidades humanas". Esos dos seres humanos de desigual madurez realizan la tarea de educarse, porque el educador también se educa, se supera, crece y se perfecciona al educar. Puede tratarse de una relación de padre e hijo, de profesor y alumno, o de amigos.
La libertad, esa energía interior que nos permite abrirnos por medio de la actividad y de la relación, y cuya finalidad es el servicio cualificado por el verdadero amor, la libertad, decíamos, es justamente la que hace posible la educación. Y la libertad es la característica fundamental de la persona. Debido precisamente a que ésta es libre, es diferente. Siempre habrá diferencias entre las diversas realizaciones personales de la madurez humana. Nunca coinciden en dos personas sus zonas más desarrolladas, sus diferencias de calidad humana ni sus puntos fuertes, porque cada uno, de manera irrepetible, posee su don y su misterio.
El privilegio del diálogo educativo consiste en la amistad, por cuanto ésta hace posible la comunicación íntima de personas diferentes y de sus diferencias complementarias.
¿Cómo se cultiva la intimidad familiar? Por el diálogo.
¿Y cómo abrir el diálogo? Por medio de una pregunta inteligente.
Los padres y los maestros han de ser "maestros" de la pregunta y no tanto de las respuestas, aunque también deben saber responder.
El método a seguir es el mismo empleado en la metodología participativa, que no es sino el que utilizaba Sócrates con sus discípulos: preguntar.
Ello quiere decir que los padres de familia necesitarán preguntarse, en cada caso, cómo hacer de su familia un centro de apertura con el cultivo de la amistad (amigos de los padres, amigos de los hijos); cómo favorecer el propio hogar y las propias costumbres familiares mediante el cultivo de la amistad; cómo ampliar el círculo de la amistar sin que ello se traduzca en una merma de la calidad de las relaciones; cómo influye el ejemplo de los propios padres en esa dimensión de amistad y de servicio social, etc.
Por otra parte, el tipo de objetivos que se han propuesto conseguir en la educación de cada hijo
puede ser un indicador muy valioso.

Hecho por Luis Paucar Temoche.

 

 

 

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